El ayuno, o sea la voluntaria abstención de ciertos o de todos los alimentos, a veces de las bebidas, por motivación religiosa, por razones de salud o de belleza, tiene un lugar tradicional en la historia cultural y religiosa de la humanidad. El interés particular, que motiva este artículo, apunta a la dimensión religiosa y cristiana, y esperamos que el ayuno de los cristianos sea vivido con la mayor pureza posible, esto es, sin tener el interés puesto más que todo en la pérdida de peso y en la línea. Sin embargo, no queremos callar las ventajas naturales del ayuno:
1. Indicaciones curativas
Las indicaciones curativas del ayuno son numerosas, y muchos médicos lo recetan por ejemplo para curar enfermedades del corazón o de la circulación, del metabolismo, para rejuvenecer el organismo, e incluso para tratar el temido cáncer. El cuerpo durante el ayuno digiere primeramente los tejidos enfermos, después los superfluos, para no afectar los órganos y funciones vitales del cuerpo, por eso el ayuno es un medio preferido de la auto regeneración del cuerpo y por ende característico para un tipo de medicina que apuesta más en la voluntad de la persona del enfermo, que en mantenerlo por medio de tratamientos meramente pasivos en una cierta dependencia.
El que ayuna, aprecia más el valor y el sabor de la comida. Por otra parte, una saturación continua lleva a la final a perder el gozo natural y sencillo de los alimentos. Como en todo, la mesura permite una capacidad más grande de disfrutar y gozar de la vida.
Existe una clara distinción entre el hambre y el ayuno. Se ha demostrado claramente, que un hombre que ayuna voluntariamente, puede aguantar incluso sin ningún alimento hasta más de sesenta días, mientras el hambre forzada puede llevar a la muerte ya después de diez días.
Un ayuno vivido solo con un corazón dividido conlleva fácilmente dolor de cabeza o agotamiento, mientras que la firme voluntad, acompañada por la oración por la gracia del ayuno, lo vuelven todo más fácil o atraen nuevas fuerzas, donde uno piensa ya no poder caminar más lejos.
2. Parte de la herencia de la humanidad
Una costumbre sana y valiosa de la herencia humana y religiosa del ser humano suele pertenecer a la riqueza humana, deseada por Dios. Es normal que se ayune, aunque la sociedad del consumo actual lo tenga como una exigencia excesiva y muchos tengan miedo de él. Se puede decir, que corresponde a la voluntad general de Dios para el hombre, que practique el ayuno.
3. En la historia de la salvación
Vale la pena notar, que la Sagrada Escritura describe, que el hombre ha cometido el primer pecado comiendo lo que no era lícito. Por supuesto, el punto decisivo consiste en la mala intención de querer ser como Dios, pero este propósito se buscó lograr abusando de la comida. A este respecto, la liturgia ortodoxa se expresa con claridad y sencillez: "Si Adán hubiera ayunado, no habría pecado."
Evagrio Póntico, el teólogo entre los Padres del desierto, advierte, que la gula conduce a la desobediencia, la desobediencia, sin embargo, es el prototipo de la transgresión de la ley de Dios, del pecado. El Hijo de Dios, por su parte, se ha hecho obediente hasta la muerte e inaugura su misión pública después del bautizo con un ayuno de cuarenta días sin comer y sin beber- humanamente inexplicable, y termina su existencia terrena con las palabras conmovedoras: "Tengo sed!". Con su mortificación y su sufrimiento, Jesús repara el orgullo y la soberbia del hombre, que se deja dominar al mismo momento por la gula.
Por un lado la recién creada familia humana se aleja de su amoroso creador pecando con el corazón, con la mente y con el paladar, por otro lado, en el mismo paraíso está plantado el "árbol de la vida", y, quien de sus frutos come, recibe el don de la inmortalidad. Esta es una promesa y un anuncio de la Eucaristía. En la perspectiva de la historia de la salvación el perderse o el salvarse están intrínsecamente conectados con el comer –o siguiendo las insinuaciones del adversario: "Si comeréis del árbol, se os abrirán los ojos y seréis como Dios". o escuchando a Dios: "Tomad y comed mi carne".
Donde hacemos entonces penitencia ayunando, trabajamos en contra de la influencia del pecado como tal, que se introdujo en la existencia por comer lo que Dios había prohibido, y nos unimos a la expiación por medio del ayuno de Cristo.
Visto así, el ayuno no está solamente opuesto al vicio de la gula, sino junto con la oración, las buenas obras y el ejercitarse en todas las virtudes forma parte esencial del gran combate espiritual contra el pecado, la muerte y su causante, el Diablo.
4. Ayuno y paz:
Los que ayunan, pertenecen a los pacificadores: reconocemos por la narración bíblica, como el fratricidio es la secuela directa del primer pecado y de la rebelión contra Dios pretendiendo el "ser como Dios". El hombre, que ayuna como un acto religioso, reconoce su condición de criatura y experimenta su necesidad de ser alimentado, y agradece a Dios por el alimento que le mantiene vivo.
Como el ayuno se hace siguiendo un impulso divino, el que ayuna se hace más espiritual, porque su voluntad se revela como superior al instinto, e introducido en esta esfera íntima, el lugar en el hombre, donde encuentra acceso a Dios. Su paz con Dios le procura también la capacidad de vivir en paz con el prójimo. Es notable, que el movimiento que parte del santuario mariano de Medjugorje en Bosnia-Hercegóvina que aspira particularmente a la paz, propaga un intenso ayuno.
5. Ayuno y vida
Junto con el respirar y el dormir, el comer y el beber son indispensables para conservar la vida biológica. Quien no come, morirá más antes o después. Así el ayuno religioso es el si voluntario a una "mortificación", que el hombre naturalmente trata de evitar. Nos exponemos voluntariamente en algo a la esfera de la muerte, precisamente para contrarrestar la fuerza de la muerte. Esto se realiza ya en el nivel natural, por lo que el ayuno robustece la salud física, y más todavía en el orden sobrenatural: por el ayuno corporal "reprimes el pecado, otorgas fuerza y victoria", según un prefacio del tiempo cuaresmal, y así la vida se muestra más vigorosa.
El debilitamiento del cuerpo se convierte entonces en fuerza interior.
Al mismo tiempo el ayuno interrumpe la comunicación normal entre los hombres, que suelen vivir el compartir la comida como un momento diario de comunidad. El que ayuna renuncia a vivir este momento. Esta renuncia puede convertirse, sin embargo, en una comunión más profunda con el Dios trinitario, y desde Él se recibe nueva comunión más profunda con los hombres. En todo podemos reconocer el principio pascual: El que ama su vida, la perderá, pero el que pierde su vida por causa mía, la recobrará.
6. El ayuno en la historia bíblica
Mientras la serpiente propone al hombre de no hacer caso del mandato de Dios, comiendo lo reservado, la proclamación solemne de los diez mandamientos en el Sinaí viene preparada por el ayuno de Moisés.
Cuando la alianza del pueblo de Israel con Dios peligra en el tiempo de los reyes, Elías ayuna cuarenta días y peregrina nuevamente al Sinaí para renovar la alianza con el pueblo en el nombre de todos.
Juan el Bautista, el amigo del novio, ayuna casi siempre, cuando regala a su pueblo la experiencia de la salvación, el perdón de los pecados.
Como ya se ha mencionado antes, la caída en el pecado sucede, cuando el hombre come, lo que no debía. El Hijo de Dios en cambio, buscando restablecer la justicia, inaugura su obra salvadora con un tremendo ayuno y repara así todo lo que está contenido de rebelión en el comer humano. Después, en las bodas de Caná trasformará incluso agua en vino, multiplicará panes y pescado y celebrará su memorial misterioso con la cena pascual. Así el comer humano y el cuerpo quedarán restablecidos como espacio humano redimido y abierto para Dios, incluso como signo del Reino de Dios. Al inicio, está puesto el duro ayuno y la superación de la tentación de convertir piedras en pan.
7. Función terapéutica del ayuno
Consecuencia del pecado es la pérdida de la integridad interior del ser humano. Por el debilitamiento interior de la voluntad para el bien, el hombre fácilmente comete el mal, que en su consciencia condena; los impulsos sensuales prevalecen a menudo sobre los impulsos espirituales. En esta situación el ayuno ayuda, para que el hombre se haga de nuevo Señor en la propia casa. Las pasiones se doman, el espíritu se recoge en lo esencial, la distracción por la multiplicidad de los asuntos se reduce a un estar dirigido a pocas cosas.
Al mismo tiempo el ayuno constituye un testimonio: el hombre no vive solo de pan, no se lo puede reducir a la barata satisfacción de sus necesidades sensuales, el mundo del consumo es solo una parte pequeña de su rica existencia. Así el ayuno se convierte en anuncio de Dios por medio del ser.
Esta potencia del ayuno ha sido reconocida también por los médicos que lo prescriben y recomiendan a sus pacientes a vivir la temporada del ayuno como un tiempo de buscar un nuevo rumbo en sus vidas. ¡Cuanto más grande es esta chance en aquel, que vive conscientemente el ayuno para acercarse a Dios!
8. Ayuno y palabra de Dios
Aleccionado por la reacción de Jesús a la propuesta tentadora de convertir piedras en pan, la Iglesia alimenta a los fieles en la cuaresma mucho más con el pan de la palabra, "que sale de la boca de Dios." De hecho se puede constatar una capacidad mucho más grande de asimilar las Palabras divinas en tiempos de ayuno. La renuncia a saciar el hambre con manjares terrenos deja sentir un hambre mucho más grande por la palabra de Dios. Dios que ve el hambre de los hombres, está más dispuesto a enviar su palabra, la que no encuentra tanta cabida en un cuerpo bien satisfecho.
9. Ayuno y oración
El texto de Mt 17,19 „Esta clase de demonios sale solo por el ayuno y la oración" – lamentablemente muchas traducciones infundadamente tratan la palabra del ayuno solo como una variante del texto – indica la coherencia interna del ayuno y de la oración. El que ora, busca a Dios, le pide un bien, lo ensalza y lo glorifica. Ayunando pues las súplicas reciben un peso más fuerte. El que ayuna lo entrega todo para conseguir el bien pedido de Dios y se ofrece a sí mismo como ofrenda. EL ayuno pide mucho del hombre como sacrificio.
„Es bueno hacer oración y ayunar", declara Rafael, el arcángel misericordioso y con mirada profunda. De hecho el ayuno y la oración pueden ser considerados como dos perchas de la escalera con la cual el hombre sube hacia Dios pisando los escalones del amor efectivo,
mientras
Dios sale descendiendo hacia él con la gracia de los sacramentos.
Al ayunar se practican las virtudes del dominio de si, del limitarse a lo esencial, de la disposición para el sacrificio – tan vinculado con la caridad – y uno se vuelve humilde experimentando la debilidad del cuerpo.
Y, por fin, de hecho, el ayuno es un poderosísimo aliado en el combate contra los espíritus malignos. Si los discípulos de Cristo le preguntaran al Señor, como en Mt 17,16: porqué no podemos detener la fuerza del mal en nuestros días?", recibirían con certeza la siguiente respuesta: „estos demonios pueden ser expulsados solo con ayuno y con oración".
10. Dificultades
La primera dificultad es la fatiga del ayuno misma. Pueden presentarse debilidades corporales, que le hacen pensar a uno, que ya no puede más. En esta situación la oración por la gracia de poder ayunar ayuda mucho.
Cuando alguien ayuna, sus familiares fácilmente sienten inseguridad y uno tiene que enfrentarse a menudo con advertencias respectivas a la salud: Por favor, ¡que no sea exagerado! Rápidamente aquellos le presentan como un fanático, que no están dispuestos a la renuncia.
La tradición protestante opone al ayuno el argumento, que se trata de un intento de propia justificación, y que el hombre quisiera alcanzar méritos ante Dios por sus propios medios. Puede asombrar, que aquí no se aplica el principio de la fidelidad a las Escrituras- las cuales testimonian con toda la claridad necesaria que tanto el Señor mismo, como también después de pentecostés, los apóstoles ayunaban frecuentemente.
11. El ayuno en medio de la sociedad de hoy día
En la perspectiva de la sociedad el ayuno se ubica precisamente en la mitad entre ambos extremos dentro de la sociedad actual: entre el hambre de los unos y la abundancia de los otros. Ayunando nos hacemos solidarios con los que no tienen suficiente que comer, vivimos voluntariamente el hambre, que ellos tienen que sufrir forzosamente. Así la Iglesia elogia en el prefacio de la cuaresma con las palabras: " El ayuno ensancha el corazón para los pobres". Es consecuente que ella recomienda el socorrer a los pobres con lo que se ha ahorrado, lo que ha llevado a diferentes acciones de solidaridad durante la cuaresma. –Sin embargo, la tendencia actual es más en limitarse a una donación y a evitar la fatiga personal del ayuno.
12. Limitaciones
Según la experiencia médica y cristiana los enfermos no ayunan, al no ser que sea propuesto como terapia. Por supuesto tan poco las mujeres embarazadas o las que están en tiempo de lactancia. También los niños no deben sufrir desnutrición; si ellos ayunan en algo, han de comer después tanto mejor, como suele suceder por ejemplo en las familias musulmanes durante el mes del ayuno. Hay que ser especialmente vigilante en el caso de las muchachas adolescentes, quienes pueden tender a la anorexia o la bulimia a causa del ideal exagerado de delgadez.
13. Propuestas concretas
El ayuno más austero renuncia totalmente a alimentos sólidos y solamente bebe agua o té.
Para la salud de una persona esto es totalmente inofensivo, si se hace solo algunos días. Esta forma se presta especialmente para tiempos de silencio y de recogimiento. Si alguien practica esta forma de ayuno en medio de la vida activa diaria, posiblemente tendrá que luchar a no ser fácilmente irritado y nervioso.
De algunos santuarios marianos, iniciados por apariciones, se ha propagado la práctica de ayunar una o dos veces por semana solo con pan y agua. Esto da más fuerza corporal y permite también una comida compartida, especialmente entre los que ayunan. El pan recuerda a Jesús, el Pan de Vida.
La regla monástica de San Benito exige tomar el primer alimento en la cuaresma a las tres de la tarde.
El ayuno de los judíos, dos veces por semana, como el Nuevo Testamento lo menciona, obligaba a comer una sola vez y esto en la noche. La práctica de la joven cristiandad fue similar. Los cristianos ortodoxos en sus largos tiempos de ayuno no comen aceites o grasas, ni productos de animales, ni alcohol; una regla sabia, pero exigente, accesible para muchos.
El evangelio nos recomienda el ayuno escondido.
Esta es la norma general, aunque no sea factible, ocultar en la vida familiar el ayuno. Es aconsejable, explicar abiertamente a los familiares los motivos del ayuno. Si se declara, que la intención del ayuno, como de la oración, es también el bien de la familia, en muchos casos será posible el convencer a la familia. El que "unge su cabeza" y ayuna con una mente alegre y sin mal genio, convencerá a sus prójimos con más facilidad.
Sin embargo- un ayuno regular de alguna parte siempre habrá que enfrentarse con oposición y hace falta una firme convicción del valor del ayuno, y, de que se está actuando según el querer de Dios, para poder permanecer fiel al propósito.
14. Grandes ejemplos del ayuno en la historia
Santa Catlina de Egipto- ejemplo de penitencia en las Iglesias oprientales. San Antonio el grande- padre de los monjes del desierto- buscador radical de Dios y soldado de Cristo en su lucha espiritual. San Nicolás de Flüe- patrón de Suiza- ayuno y paz. Marta Robin, fundadora del "Foyer de Charité"- la alegría en la cruz y fecundidad apostólica. Durante 50 años vivió sólo de la eucaristía, entre muchos otros.



