DIOS, RICO EN MISERICORDIA

Dios, que en su creación nos da pruebas de su existencia y de su amor (cfr. Rm 1, 20), ha querido revelársenos misericordioso. Toda esta revelación, que comenzó con los primeros padres y que alcanzó su culmen definitivo con Jesús, se encuentra en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia. 

En el Antiguo Testamento, el Señor dice: "Tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonará" (Dt 4,31). Pero es sobre todo en el Nuevo Testamento donde su misericordia ha sido plenamente revelada. "La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico"1, comenta el Papa Benedicto XVI, ya que Jesús, al tiempo de revelarnos que el Padre es "rico en misericordia" (Ef 2,4), nos deja ver que Él es la misericordia misma. Comprendiéndolo, san Agustín, testigo de la Tradición de la Iglesia, aconseja: "Arrójate con confianza en los brazos del Señor"2.

Todo esto es lo que Jesús ha querido recordarnos a través de santa Faustina Kowalska, humilde religiosa polaca a quien dijo: "Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable... Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia... Mi amor no desilusiona a nadie"3. 

La fuerza necesaria para confiar en Jesús la encontramos en la Iglesia, a través de la Palabra de Dios, de la Liturgia –especialmente de los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía–, de la oración, y del amor al prójimo4. 

La imagen de la Divina Misericordia

Al anochecer del 22 de febrero de 1931, estando en su celda, santa Faustina vio a Jesús vestido con una túnica blanca. "Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada… en el mundo entero"5. "Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria… y, sobre todo, a la hora de la muerte…"6. "A través de esta imagen concederé muchas gracias… ella ha de recordar… las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" 7. 

Al ordenar que se le representara por medio de una pintura, Jesús no contradice el precepto divino de no hacer imagen alguna (cfr. Ex 20, 4-5), ya que como consta en la Sagrada Escritura, el mismo Dios ordenó la institución de imágenes, como el arca de la Alianza, los querubines (cfr Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28) y la serpiente de bronce (cfr Nm 21, 4-9), que anunciaban la salvación realizada por Jesucristo (cfr. Jn 3, 14-15) 8. Por eso, santo Tomás de Aquino explica: "El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas…sino que tiende a la realidad de la que ellas son imagen" 9. 

La imagen de la Divina Misericordia nos recuerda el amor misericordioso del Padre, que se manifiesta plenamente en Jesucristo, quien, resucitado, nos invita a confiar en Él, que nos enseña que el amor es más poderoso que el pecado, que el mal y que la muerte. "El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas –explicó a santa Faustina–. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas... Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos..."10. ¡Seremos bienaventurados si recibimos el Bautismo, la Confesión y la Eucaristía!

La coronilla

Jesús enseñó a santa Faustina a rezar la Coronilla: "la rezarás… con un rosario común …rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave María y el Credo… en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás…: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave María, dirás…: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces…: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero" 11. "A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte... Oh, que gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla" 12. 

Al suplicar: "Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero", pedimos a Dios que, por los méritos de su Hijo Único –que se encarnó, padeció, murió y resucitó para salvarnos–, derrame, por su Espíritu, su amor sobre nosotros, sobre nuestros familiares y amigos, y sobre el mundo entero. La palabra "propiciación" hace referencia al "propiciatorio" que estaba encima del Arca de la Alianza (cfr. Ex 25,17). "El propiciatorio era el lugar de la presencia de Dios. Cuando san Pablo dice de Jesús que "Dios lo exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre" (Rm 3,25), significa que en su humanidad "estaba Dios reconciliando al mundo consigo" (2 Co 5,19)"13. "…Cristo –escribe Orígenes– …con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre"14.

La Hora de la Misericordia

Una forma de tomar conciencia del amor divino fue sugerida por Jesús a santa Faustina al invitarla a meditar en su Pasión: "A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero... En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión... en esa hora procura rezar el Vía Crucis… y si no puedes… sumérgete en oración… aunque sea por un brevísimo instante"15.

La Fiesta de la Divina Misericordia

"Durante el jubileo del año 2000 –comenta el Papa Benedicto XVI–, el amado siervo de Dios Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia el domingo que sigue a la Pascua, además de Dominica in Albis, se denominara también Domingo de la Divina Misericordia"16. Jesús había dicho a santa Faustina: "Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia… el primer domingo después de la Pascua de Resurrección... Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas... Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata"17.

Además de decretar la Fiesta de la Divina Misericordia el segundo Domingo de Pascua18, el Papa Juan Pablo II concedió Indulgencia Plenaria a quienes, en estado de gracia, con el deseo de evitar cualquier pecado, reciban la Sagrada Eucaristía, recen por las intenciones del Papa, y hagan, en cualquier iglesia u oratorio, un acto de devoción en honor de la Divina Misericordia, como participar en la Santa Misa o visitar al Santísimo Sacramento (expuesto o reservado en el Sagrario), recitando una invocación a la Divina Misericordia, como: "Jesús, en Ti confío"19. 

Los enfermos y los que les asisten, así como aquellos que por causa justa no pueden abandonar su hogar o dejar de realizar alguna actividad inaplazable en bien de la comunidad, podrán alcanzar la indulgencia si, con la intención de observar tan pronto como sea posible las condiciones acostumbradas, recitan las oraciones antes mencionadas. Y si ni lo anterior fuera posible, bastará unirse espiritualmente a cuantos practican las obras prescritas, y elevar a Dios una oración, ofreciendo los sufrimientos y dolores de la propia enfermedad y las dificultades de la vida, con el propósito de observar, tan pronto como sea posible, las condiciones antes mencionadas20. 

La Novena

El Viernes Santo de 1937, Jesús pidió a santa Faustina que rezara una novena especial antes de la Fiesta de la Misericordia, y Él Mismo le dictó las intenciones, dirigidas a pedir por el prójimo, excluyendo las necesidades personales, como expresión de auténtica misericordia. "Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias… Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de Mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte" 21.

"DEBES MOSTRAR MISERICORDIA AL PRÓJIMO"

"Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes –dijo Jesús a santa Faustina–. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte… Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera la acción, la segunda la palabra, la tercera la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia"22. 

"La caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación"23, afirma el Papa Benedicto XVI, quien recuerda que, siendo destinatarios del amor de Dios, "nos convertimos en sujetos de caridad, instrumentos para difundir la caridad de Dios y tejer redes de caridad"24. 

Por eso, las obras de misericordia pueden ser corporales y espirituales. Las obras corporales de misericordia son: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, dar asilo a los desamparados, consolar a los prisioneros, visitar y cuidar a los enfermos, y enterrar a los muertos. Las obras espirituales de misericordia son: corregir al que yerra, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar a los afligidos, ser pacientes con los defectos de los demás, perdonar las ofensas, y orar por los vivos y los difuntos25. 

Jesús nos pide que practiquemos la misericordia también con la palabra, hablando siempre con la verdad, expresada con caridad. ¡Y qué más grande verdad que anunciar al Señor, ya que sólo Él puede satisfacer la sed de felicidad que todos llevamos dentro! Por eso el Señor nos pide lo que a santa Faustina: "Haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta… A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino salvador misericordioso"26. 

El Señor, que oró por nosotros (cfr. Jn 17,9.11), nos enseña con su ejemplo que pedir en favor de otro es lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. Por eso, las primeras comunidades cristianas lo hacían intensamente (cfr. Hch 12,5; 20,36). En la intercesión, que es expresión de la comunión de los santos, el que ora busca "no su propio interés sino el de los demás" (Flp 2, 4). "A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo"27, dijo Jesús a santa Faustina.

PROMESAS DE LA DIVINA MISERICORDIA

A "las almas que recurran a Mi misericordia y … que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás… las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso"28. 

Prometo que el alma que venere (la) imagen (de la Divina Misericordia) no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte"29. 

"A las almas que recen (la) coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte… A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad"30. 

"A las tres, ruega por Mi misericordia… En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión..."31.

"Durante (el) novenario concederé a las almas toda clase de gracias… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión (en la Fiesta de la Divina Misericordia) obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas"32.

 

NOTAS: 1 BENEDICTO XVI, Regina caeli, Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo de 2008. 2 SAN AGUSTÍN, "Confesiones", Libro VIII, Capítulo XI, n. 27. 3 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., nn. 1142, 687, 29. 4 Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. "Ecclesia in America", n. 12. 5 Ibíd., n. 47. 6 Ibíd., n. 48. 7 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit, nn. 327 y 742. 8 Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2129-2132. 9 SANTO TOMÁS DE AQUINO, "Suma Teológica", II, II, 81, 3, a 3. 10 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., n. 299. 11 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., n. 476. 12 Ibíd., nn. 754, 848. 13 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 433.  14 ORÍGENES, Homilía 9, 10: PG 12, 523. 15 Ibíd., n. 1320 y 1572. 16 BENEDICTO XVI, Regina caeli, Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo de 2008. 17 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., nn. 49, 420, 699. 18 Cfr. JUAN PABLO II, Homilía en la canonización de la Beata Faustina Kowalska, Domingo 30 de abril de 2000, n. 4, y Decreto "Misericors et miserator" de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los Sacramentos, 5 de mayo 2000. 19 Cfr. Decreto de la Penitenciaría Apostólica, 13 de junio de 2002. 20 Ibíd. 21 Ibíd., nn. 796 y 1209. 22 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., n. 742. 23 BENEDICTO XVI, Enc. "Deus caritas est", n.  6, 31a). 24 BENEDICTO XVI, Enc. "Caritas in veritate", n. 5. 25 Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, B) Fórmulas de doctrina católica, p. 180. 26 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., nn.1074 y 1075. 27 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., n. 438. 28 KOWALSKA Faustina, "Diario…", op. cit., nn. 379 y 1075. 29 Ibíd., n. 48. 30 Ibíd., nn. 754, 1731, 811. 31 Ibíd., n. 1320. 32 Ibíd., n. 796.