Instituto para la Justicia Social Louis Even

Cursillo de la Aplicación de la DSI en Economia

 VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS, ES EL SECRETO A LA SANTIDAD

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

El nacimiento y muerte del dinero

¿Existen los bienes? ¿Existen en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades básicas de los consumidores?

¿Tenemos escasez de alguna cosa en nuestro país como para satisfacer las necesidades temporales de los ciudadanos? ¿Tenemos escasez de alimentos como para satisfacer a todos? ¿Tenemos escasez de zapatos, ropa? ¿No po­demos hacer tanto como se requiere? ¿Tenemos escasez de ferrocarriles y otros medios de transporte? ¿Tenemos escasez de madera o piedras como para construir buenas casas para todas las familias? ¿Carecemos de construc­tores, fabricantes u otros trabajadores? ¿Carecemos de maquinaria?

¡No, sí tenemos todas estas cosas, en abundancia! Los comerciantes minoris­tas nunca se quejan de que no pueden encontrar los bienes suficientes como para no poder cubrir la demanda. Los silos de granos se encuentran abultados. Son numerosos los hombres corpulentos en espera de trabajo. Numerosas también son las maquinarias que existen sin ser utilizadas.

¡Sin embargo, un gran número de personas sufren! Simplemente, los bienes no están encontrando su camino hacia sus hogares.

¿Qué sentido tiene decir a la gente que su país es rico, que exporta un sinnú­mero de productos, que se encuentra catalogado como el tercero o cuarto exportador en el mundo con respecto a otros países?

Aquello que sale del país no va a los hogares de los ciudadanos. Aquello que se encuentra parado (sin ser utilizado) en las tiendas, de ninguna manera aparece en sus mesas.

Una madre no alimenta a sus hijos o les provee de zapatos y ropa por el he­cho de simplemente mirar los almacenes, ni leyendo los anuncios publicita­rios sobre productos en los periódicos, ni escuchando la descripción de los productos en la radio, o escuchando a los incontables vendedores de todo ti­po hablar sobre ventas.

Lo que hace falta son los medios efectivos para poner estos bienes en sus ma­nos. Usted no los puede robar. Para poder obtenerlos, usted debe pagar por ellos; usted necesita dinero.

Existen muchas cosas buenas en nuestro país, pero el derecho para tener es­tos bienes, el permiso para obtenerlos, es inexistente para un gran número de individuos y para familias que los necesitan.

¿A más del dinero, hace falta algo más? ¿Qué hace falta, aparte del poder ad­quisitivo que hace que los productos se vayan de los almacenes a nuestros hogares?

La humanidad ha pasado por periodos de escasez de alimentos; hambrunas cubrieron  a grandes países, y faltaron los medios apropiados de transporte para llevar a estos países la riqueza de otras secciones del planeta. Este no es el caso hoy. Hay una superabundancia de todo. Es abundancia - ya no es escasez - lo que crea el problema.  

No es nada necesario entrar en detalle para demostrar este hecho. Uno podría citar casos de entre los miles, de destrucción voluntaria de alimentos a gran escala « para estabilizar mercados », haciendo desaparecer inventarios. Permítanos dar simplemente algunos ejemplos:  

El diario de Montreal "La Presse", del 7 de junio de 1986, reportó el caso de las patatas en la provincia canadiense de New Brunswick: "El mes pasado… el gobierno federal decidió desechar casi  $100 000 toneladas de patatas, después de haber enviado 2 500 toneladas deshidratadas a dos países africanos. La movilización general de granjeros en New Brunswick, compañías de transporte y  voluntarios permitió salvar casi $100 000 kilos, que fueron enviados a comedores comunitarios y casas pobres de New Brunswick, Toronto, Ottawa y Montreal. Pero 90 000 toneladas, el  equivalente a una bolsa de 10 libras (4,5 kg) de patatas para cada Canadiense, han sido echados a la basura…

"La misma semana que tuvo lugar la operación, 6 000 barriles de 200 libras (90 kg) de pescado  fueron arrojadas al río Miramichi River en New Brunswick."

La abundancia no se limita a Canadá; se presenta el mismo caso en Europa, como fue reportado en el periódico en Octubre de 1986, bajo el titulo: "La hambruna del mundo no se consulta":

"La indignación publica ha hecho erupción en la Comunidad Europea frente al plan de quemar o arrojar al océano montañas de excedentes de mantequilla, leche en polvo, carne de res y harina que se amontonan en las naciones de la Unión Europea. Un reporte de la sede de la UE en Bruselas recomienda destruir la comida, que esta pudriéndose y es costosa de almacenar. Se ahorrarían $300 millones de dólares tan solo destruyendo los derivados lácteos. La UE ya practica destrucción periódica de alimentos. El año pasado arrojo al océano varios cientos de toneladas de trigo en mal estado. Se ha propuesto eliminar la mitad de los excedentes actuales. Se cree que tendrían que quemarse 750.000 toneladas de mantequilla y 500.000 toneladas de leche en polvo. Las cuotas de producción no han tenido éxito en drenar el lago de leche de la UE."

Por que todo este desperdicio? Por que los productos no satisfacen las necesidades? Porque la gente no tiene dinero. La riqueza, los bienes se ríen en tu cara y tu te mueres de hambre frente a vitrinas desbordadas de mercancía, si no tienes dinero.  Si no hay dinero, no se adquieren los productos: los humanos se mueren de hambre y los productos se arrojan a la basura.

EL ITINERARIO HACIA UNA ECONOMÍA HUMANA

ENTRE LOS HUMANOS Y ENTRE LOS ANIMALES

Nos situaremos en una tienda de un abacero llena de buenos productos en abundancia; delante de esta tienda, hay un hombre hambriento sin dinero.

Se hacen productos buenos para ser consumidos. El abacero los despliega para venderlos. Al consumidor le gustaría comprarlos, pero le falta el boleto (el papelito) para comprarlos: él no tiene dinero.

El resultado: los productos buenos no se consumirán, y se pudrirán en los estantes. Ahora, todos estaríamos más contentos si la situación fuera diferente – el abacero estaría contento de vender, y el consumidor estaría contento de la compra.

¿Por qué será que, algo que haría a todos felices no puede llevarse a cabo entre los seres humanos?. Entre los animales, las cosas trabajan diferentemente.

Permitámonos tener una mirada a los monos. Ellos ven plátanos suficientes en los árboles bananeros. Puesto que ellos necesitan comer plátanos para vivir, ellos simplemente cogen los plátanos y los comen.

Los monos nunca trabajaron con sistemas económicos complicados en sus universidades. En sus cabezas de monos, ellos nunca examinaron la ley de la oferta y la demanda, ni la diferencia entre el socialismo y el neo-liberalismo. Ellos simplemente vieron cosas buenas delante de ellos, y fueron lo suficientemente "inteligentes" para cogerlas para no morirse del hambre.

Pero un mono es un mono, y un hombre es un hombre. Un mono no tiene una mente,  pero un hombre puede emplear mal su mente.

Un mono es llevado por su instinto que no lo desvía. El hombre es llevado por su mente que es desviada a menudo por su orgullo. En semejante caso, el hombre discute, usa dialectos, pero se olvida del razonamiento simple y puro, basado en el sentido común.

Esta situación tonta de millones de personas hambrientas que viven entre riqueza abundante es causada por la codicia de aquéllos que basan su poder en la esclavitud de las masas. Pero también se puede decir que esta situación tonta se apoya y es mantenida por personas alegadamente eruditas en economía que llevan a las mentes a las conclusiones más tontas, bajo la farsa del razonamiento entre ciencia y sabiduría. Por ejemplo, un abogado experimentado puede defender un caso moralmente malo, una vez que le convencen que él tiene razón.

Para los seres humanos que, como los animales, no se preocupan con largas tesis, la misma pregunta insoluble se levanta: ¿Cómo es posible que reglas que le impiden al hombre comer entre la abundancia sean justificadas?

El simple instinto de los animales es a menudo una lección de humildad a la inteligencia orgullosa de los seres humanos.

¿SOMOS MÁS INTELIGENTES QUE LOS MONOS?

Toda esta situación también puede resumirse en la forma de un chiste, aunque la conclusión es muy seria: Un grupo de monos en la selva estaban discutiendo si los hombres eran más inteligentes que los monos. Algunos dijeron "sí"; otros dijeron "no". Uno de los monos dijo: "Para estar claro en mi propia mente, yo iré a la ciudad de los humanos, y averiguaré si ellos son más inteligentes que nosotros". Todos los monos estuvieron de acuerdo en que era una buena idea. Así que el mono fue, y vio a un hombre sin dinero que se moría del hambre en frente de una tienda de comestibles llena de plátanos. El mono regresó a la selva, y dijo a los otros monos: "No se preocupen, los hombres no son más inteligentes que nosotros; ellos se mueren del hambre en frente de plátanos que se pudren en los estantes por falta de dinero."

Conclusión: Seamos más inteligentes que los monos, y creemos un sistema económico que nos permitirá comer los plátanos y todos los otros productos que han sido provistos en abundancia por Dios para todas Sus criaturas. (Este sistema de dinero inteligente existe; es el difundido en el Periódico "San Miguel".)

Dinero y riqueza

Acabamos de aprender que no son los productos los que hacen falta, si no el dinero. Esto no significa que el dinero por sí solo representa la riqueza. El dinero no es un bien terrenal capaz de satisfacer una necesidad temporal.

Usted no puede mantenerse vivo alimentándose de dinero. Para vestirse, usted no puede coser varios billetes dólares para hacerse un vestido o un par de medias. Usted no puede descansar acostándose sobre dinero. Usted no puede curar una enfermedad colocando el dinero en el puesto de la enfermedad. Usted no se puede educar a sí mismo colocándose una corona de dinero en su cabeza.

El dinero no es una riqueza real. La riqueza real consiste en todas las cosas útiles que satisfacen las necesidades humanas.

Pan, carne, pescado, arroz, algodón, madera, carbón, un vehículo en una buena carretera, un doctor que visita al enfermo, el conocimiento de la ciencia, éstos representan una riqueza real.

Pero,  en nuestro mundo moderno, cada individuo no produce todas las cosas. La gente debe comprarlas de otras persona. El dinero es un símbolo o señal que uno obtiene a cambio de una cosa que se vende; es el símbolo que uno debe entregar a cambio de alguna cosa que uno desea de otra persona.

La riqueza son las cosas; el dinero es el símbolo de esas cosas. El símbolo debería reflejar las cosas.

Si existen muchas cosas de venta en un país, debe existir una gran cantidad de dinero para disponer de él. Mientras exista más gente y bienes se requeri­rá de más dinero en circulación, de otra manera todo se detiene.

Es precisamente este equilibrio del que se carece en la actualidad. Tenemos a nuestra disposición casi tanta cantidad de bienes como posiblemente po­dríamos desear, gracias a la ciencia aplicada, a los nuevos descubrimientos y al perfeccionamiento de las maquinarias. Tenemos también mucha gente sin ocupaciones, quienes representan una fuente potencial de bienes. Tenemos cualquier cantidad de ocupaciones infructuosas, hasta perniciosas. Tenemos actividades en las cuales el único propósito es la destrucción.

El dinero fue creado con el propósito de que los bienes se muevan. ¿ Por qué, entonces no encuentra su camino hacia las manos de la gente en la misma medida como fluyen los bienes en la línea de producción?

EL DINERO EMPIEZA EN ALGUNA PARTE

Todo, excepto Dios, tiene un inicio. El dinero no es Dios, por lo tanto, tiene un inicio. El dinero se inicia en alguna parte.

Se tiene conocimiento del origen de tales bienes útiles como son la comida, la ropa, zapatos, libros. Los trabajadores, las máquinas, a más de los recursos naturales del país, producen la riqueza, los bienes que necesitamos y de los cuales no se carece.

¿ Pero entonces, en dónde empieza el dinero, el dinero del que carecemos pa­ra comprar los bienes que nos hacen falta?

La primera idea que mantenemos viva en nuestras mentes, sin darnos cuen­ta en realidad, es de que existe una cantidad de dinero fija, y que no puede ser cambiada; como si fuese el sol o la lluvia o el clima. Esta idea es totalmen­te equivocada: si es que existe el dinero, es porque fue hecho en alguna par­te. Si no existe más, es porque aquellos que lo hicieron, no hicieron más.

Otra creencia generalizada acerca del origen del dinero, es que el gobierno lo hace. Esto también es incorrecto. El gobierno en la actualidad no crea el di­nero, y se queja continuamente de que no tiene nada. Si el gobierno fuese la fuente del dinero, no hubiese permanecido estancado por diez años frente a la falta de dinero. El gobierno toma y pide prestado, pero no crea el dinero.

Ahora, explicaremos en dónde se inicia y termina el dinero. Aquellos que controlan el nacimiento y la muerte del dinero también regulan su volumen. Si hacen mucho dinero y destruyen solamente un poco, existe más dinero. Si la destrucción del dinero va más rápida que su creación, estas cantidades dis­minuyen.

Nuestro nivel de vida, en un país en donde se carece de dinero, no está regu­lado por el volumen de los bienes que se producen, sino por la cantidad de di­nero que se encuentra a nuestra disposición para comprar estos bienes. De manera que aquellos que controlan el volumen del dinero controlan nuestro nivel de vida.

"Aquellos que controlan el dinero y el crédito se han convertido en los maes­tros de nuestras vidas... Nadie se atreva a respirar en contra de su voluntad" (Pío XI, Quadragesimo Anno).

Dos clases de dinero

El dinero es que cualquier cosa que sirve pagar, comprar; cualquier cosa que se acepte a cambio de bienes o servicios.   

La sustancia material de la que el dinero es hecho no es de ninguna importancia. En el pasado, el dinero fue hecho de cáscaras, dientes de tiburón, cuero, madera, hierro, argente, oro, cobre, papel, etc. 

Existen en la actualidad dos clases de dinero en Canadá: uno que llamamos dinero de bolsillo, hecho de metal o de papel, y el otro hecho de figuras en un libro. El dinero de bolsillo es el menos importante; el dinero en libros es el más importante. (más del 95%)

Dinero en libros constituye la cuenta bancaria. Los negocios operan a través de cuentas bancarias. Si el dinero de bolsillo circula o no depende de la condi­ción del negocio. Pero los negocios no dependen del dinero de bolsillo; éstos se mantienen por medio de cuentas bancarias de los hombres de negocios.

Con una cuenta bancaria se realizan pagos o compras sin necesidad de utili­zar el dinero en metal o en papel. Se compra con cifras.

Yo tengo una cuenta bancaria con $40 000. Yo compro un carro por un va­lor de $10 000. Yo realizo el pago por medio de un cheque. El vendedor de los carros endosa el cheque y lo deposita en su banco.

El banquero entonces realiza cambios en dos cuentas: primero, aquella del vendedor de carros, la misma que él la incrementa en          $10 000; luego la mía, la misma que disminuye $10 000. El vendedor de carros tenía $500 000, él ahora tiene $510 000 registrado en su cuenta bancaria. Yo tenía $40 000 en mi cuenta y ésta ahora tiene un saldo de $30 000.

El dinero en papel no se movió en el país debido a este tipo de negociaciones. Yo simplemente proporcioné algunas cifras al vendedor de carros. Yo pagué con cifras.

Más de nueve de diez de todos los negocios se los hace de esta manera. Es di­nero en libros, el dinero hecho de cifras, el cual es el dinero moderno; es el dinero más abundante, su volumen representa diez veces aquel del dinero en papel o en metal. Es una clase superior de dinero, ya que le proporciona alas al otro. Es la clase de dinero más segura, aquella que nadie la puede robar.

Ahorros y préstamos

El dinero en libros, al igual el que otro tipo de dinero, tiene un inicio. Debido a que el dinero en libros es una cuenta bancaria, se torna existente cuando una cuenta bancaria es abierta sin que disminuya el dinero de ninguna parte, ni en otra cuenta bancaria ni en el bolsillo de nadie.

La cantidad en una cuenta bancaria puede incrementarse de dos maneras: por medio del ahorro y por medio de los préstamos. Existen otras maneras, pero se las puede clasificar como préstamos.

La cuenta de ahorros es una transformación del dinero. Yo le entrego dinero de bolsillo al banquero; él aumenta mi cuenta por esa cantidad. Yo ya no ten­go más el dinero de bolsillo, yo tengo dinero en libros a mi disposición. Yo puedo obtener de vuelta el dinero de bolsillo por medio de la disminución de esa cantidad del dinero en libros de mi cuenta. Es simplemente una transfor­mación del dinero.

Pero en vista de que estamos tratando de descubrir cómo existe el dinero, la cuenta de ahorros, a pesar de que es una transformación simple de dinero, no es de interés para nosotros con relación al tema que nos encontramos tra­tando.

El dinero nace en los bancos

La cuenta de préstamos (o préstamo) es la cuenta que el banquero le presta a la persona que solicita el préstamo.

Yo soy un hombre de negocios. Deseo instalar una nueva fábrica. Todo lo que necesito es dinero. Voy a un banco y pido prestado           $100 000 con una garan­tía. El banquero me hace firmar una promesa de que pagaré esa cantidad con interés. Entonces él me presta los $100 000.

¿Me va a entregar él los $100 000 en dinero en papel? Yo no lo quiero así.

En un principio, es muy riesgoso. Más aún, yo soy un hombre de negocios que compra cosas en lugares diferentes y ampliamente apartados, a través de cheques. Lo que deseo es una cuenta bancaria con $100 000, lo que faci­litaría para llevar a cabo el negocio.

El banquero por lo tanto, me presta una cuenta de $100 000. El acreditará a mi cuenta los   $100 000, simplemente como si yo hubiese traído esa cantidad al banco. Pero yo no llevé esa cantidad, yo fui a obtener esa cantidad.

¿Se trata de una cuenta de ahorros, establecida por mí? No, es la cuenta de préstamo que hizo el banquero para mí.

El creador del dinero

Esta cuenta de $100 000 no fue hecha por mí, sino por el banquero. ¿Cómo lo hizo? ¿Disminuyó la cantidad de dinero en el banco cuando el banquero me prestó los $100 000? Bien, le preguntamos al banquero:

-« Señor banquero, ¿tiene usted menos dinero en su bóveda después de ha­berme prestado los $100 000? ».

-« Yo no he ido a la bóveda ».

-« ¿Se han reducido las cuentas de otras personas? ». - « Se mantienen exactamente como se encontraban ». -« ¿Entonces, qué se disminuyó en los bancos? ». -« Nada se disminuyó ».

-« Sin embargo, mi cuenta se ha incrementado. ¿ De dónde vino el dinero que usted me prestó? ».

-« No vino de ninguna parte ».

-« ¿En dónde se encontraba cuando yo vine a su banco? ». -« No existía ».

-« Y ahora que el dinero se encuentra en mi cuenta, existe. De manera que podemos decir que fue creado ». - « Ciertamente ».

-« ¿Quién lo creó, y cómo? ».

-« Yo lo hice, con mi lapicera y una gota de tinta cuando registré $100 000 a su crédito, a solicitud suya ».

-« ¿Entonces, usted hace el dinero? ».

-« El banco hace dinero en libros, el dinero en cifras. Ese es el dinero moder­no que pone en circulación a otro tipo de dinero manteniendo el negocio en movimiento ».

El banquero fabrica dinero, dinero en libros, cuando él presta las cuentas a quienes solicitan préstamos, ya sean individuos o gobiernos. Cuando yo me vaya del banco existirá en este país una nueva fuente de cheques, una que no existía antes. El monto total de todas las cuentas en el país fue incremen­tada por $100 000. Con este nuevo dinero, yo puedo pagar a los trabajado­res, comprar materiales y maquinaria -en una sola palabra, construir mi fá­brica nueva-. ¿Entonces, quien crea el dinero? Los banqueros.


Ejemplos de dinero en el pasado 

Conchas de almeja fueron una de las primeras formas de moneda y se sabe que han sido usadas como tal en China incluso desde hace 3500 años. En algunas partes del mundo fueron usadas hasta principios del siglo XX. Las conchas fueron aceptadas como moneda por muchos pueblos de Asia, Europa, África y las islas del Pacifico en épocas diferentes. Viajaron grandes distancias cuando pasaron de mano en mano. Sin embargo, tenían mas poder de compra tierra adentro que en la costa. Las conchas eran tan importantes en China que fueron la inspiración del ideograma chino que significa "comprar". Funcionaban bien como moneda porque eran fáciles de cargar, fáciles de contar, duraderas y casi imposibles de falsificar.

El dinero en naipes fue usado como moneda entre 1685 y 1719 en Nueva Francia, hoy en día Québec en Canadá. El intendente, Jacques de Meulles, era la cabeza del gobierno en Nueva Francia. En 1685, se le agotaron las monedas de oro y plata para pagarle a sus empleados, la mayoría soldados. Enfrentado a este problema, se le ocurrió una solución creativa. Escribió "prometo que pagaré" al respaldo de los naipes y los firmó. Luego ordenó a todos los habitantes aceptar estos pagarés de emergencia como forma de pago. Cada tarjeta equivalía a 50 libras. Esta suma es equivalente a lo que un carpintero aspiraba a ganar en un mes y medio. Cuando finalmente llego un barco de Francia con un cargamento de monedas de oro y plata, des Meulles entregó las monedas a quienes le entregaron los naipes firmados por él. 

Estas notas se usaron en el Imperio chino, en lo que actualmente es china oriental, desde 1368 hasta 1450, durante la dinastía Ming. Los chinos inventaron el papel hacia el 200 d. C. Y también fueron los primeros en usar dinero en papel, hace cerca de mil años. Ellos llamaban a este dinero "fei –chien", que quiere decir "dinero volador". Esto se refiere a la facilidad para transportarlo. Esta nota representaba 1 kwan (un fajo de 1000 wens que pesaban 3.5 gr). Era mucho mas fácil dejar las monedas en un lugar seguro y usar papel impreso para representarlas.

Fin Lección 2